lunes 25 de octubre de 2010

Sillas y ventana. Freixo.





“ La naturaleza abandonada a sus fuerzas presenta un aspecto que los espíritus téticos llaman sublime, porque es triste y espantoso. ¡Qué se ve, con efecto, en los países desconocidos, en que nunca pusiera el hombre sus pies, y en donde no ha podido dejar ningún vestigio de su inteligencia y sus trabajos! Alturas y también llanuras pobladas, o mejor dijera erizadas de bosques espesos, sombríos, impenetrables, en donde árboles podridos y amontonados unos sobre otros sofocan poco a poco loa vegetación, y en que la excesiva humedad solo deja nacer plantas nocivas que se nutren de la corrupción: y por otras partes campos dilatados, ora cubiertos de un montón de vegetales destruidos que impiden la reproducción, ora sumergidos o encharcados por aguas verdinegras y hediondas. El suelo lleno de infección y el aire apestado por sus exhalaciones malignas, favorecen con preferencia la propagación de los insectos y de los reptiles; y el corto número de animales útiles que pueblan de trecho en trecho tales países salvajes, con dificultad encuentra una escasa subsistencia, estorbando además su multiplicación a los animales carniceros, que ejercitan allí libremente su ardor por la destrucción. Todos los objetos son lúgubres y repugnantes; y aquella vasta soledad, y el silencio universal interrumpido por los bramidos terribles o disonantes, inspiran melancolía, horror y miedo. ¡Qué diferencia entre este contristador aspecto y el de la naturaleza cultivada y perfeccionada en un país habitado por una nación civilizada! Todo es risueño y agradable, todo anuncia paz, la alegría y la abundancia; y nada presenta las desagradables imágenes de corrupción, de esterilidad y de abandono.¿ y cuál es la diferencia? En los países desiertos la naturaleza está, digámoslo así, imperfecta, y le falta para sus operaciones el concurso del ser inteligente; mientras que en las comarcas civilizadas el hombre ejerce su imperio sobre ella; imperio legítimo y fundado en el orden de la creación, en el que el bienestar del todo se consigue siempre mediante el concurso de sus principales partes; en el que la naturaleza necesita para llegar a su perfección del auxilio del hombre, y en que la naturaleza perfeccionada concurre a su vez a aumentar y completar nuestra felicidad”

Principios de legislación universal, Volumen 1


1 comentarios:

..:::anx:::.. dijo...

los freixenses pensarán que eres un creisi que se dedica a poner sillas en medio del prado para luego hacerles fotos. Y LO SABES.

(de quién es el texto?)